Martes, 7 de Agosto

Día de puro trámite para un viaje por carretera de ocho horas que nos llevará a nuestro siguiente destino: Airlie Beach. Por la mañana conocimos por fin a la gerente de los apartamentos, -nunca llegábamos en horas de recepción- le entregamos las llaves y pusimos rumbo al norte. Al poco rato paramos para sacar unas fotos a unos canguros que estaban durmiendo la siesta en un campo de rugby. Las carreteras son muy, muy aburridas, el paisaje monótono y discurren cientos de kilómetros sin atravesar una población decente. Hay bastante tráfico de camiones y caravanas. Queríamos parar a comer en algún pueblo, pero lo único que había eran gasolineras con hamburguesas y comida rápida no muy apetecible, así que improvisamos un picnic en un área de descanso.
El final del viaje discurrió entre campos de caña de azúcar y un tramo en el que había un montón de canguros atropellados por los arcenes, de todos los tamaños y en diferentes estados de descomposición. Era bastante dantesco, pero debe ser habitual por aquí. Llegamos al apartamento dos minutos antes de la hora de cierre, a las 5:28, recogimos las llaves, descansamos un poco y bajamos al pueblo a cenar. Después de un pequeño paseo por la calle comercial acabamos en un vietnamita, donde cenamos bastante bien. De vuelta había un poco más de ambiente en algunos pubs, pero está todo un poco a medio gas.
 Mamá canguro y cría observando a dos asturianos
 Descansando del duro día de trabajo
 Los trenes son interminables
 Así ocho horas
 En la parada para comer los pájaros luchaban por las migajas
 El gorrión de por aquí
 La única colina en miles de kilómetros a la redonda
 Uno de los cientos de creeks que atravesamos
 La playa de Airlie Beach a las seis de la tarde
Cena vietnamita para rematar la jornada

No hay comentarios :

Publicar un comentario