Viernes, 13 de Julio

El avión salió con más de dos horas de retraso. Las catorce horas de vuelo las pasamos viendo pelis, durmiendo, comiendo, yendo al baño..., en un bucle infinito. La verdad es que llegas a alcanzar un estado en el que el tiempo pasa sin más y no se lleva mal. Finalmente llegamos a Sydney, pasamos por el control de aduanas, recogimos las maletas, compramos una tarjeta prepago para el móvil, las tarjetas Opal para el tren y nos subimos a la línea 8 para llegar a nuestro bloque de apartamentos a eso de las 10 de la noche, aunque por el ambiente parecían las 2 de la madrugada, básicamente sólo había borrachos o despistados como nosotros por la calle. Como llegamos tan tarde tuvimos que llamar para que nos dieran un código con el que poder abrir una caja fuerte donde estaban nuestras instrucciones y las tarjetas-llave del apartamento. Con el cerebro casi derretido necesitamos más de quince intentos para abrir la caja fuerte, pero finalmente lo conseguimos. Nos acercamos a un 7 Eleven cercano a comprar algo para cenar y por fin nos pudimos tumbar en la cama con la idea de dormir todo lo posible.

 Esperando en la puerta de embarque rodeados de australianos
Otros 12.000 km. para el cuerpo



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