Domingo, 29 de Julio

Nuevo madrugón. A las 5 de la mañana salimos del hotel y fuimos caminando hasta el aeropuerto. Nos costó un poco encontrar la terminal de vuelos domésticos, pero al final la encontramos y facturamos sin problemas. Después de desayunar unas magdalenas gigantes nos subieron al pequeño avión que disponía sólo de 19 plazas y al que había que entrar agachado. El vuelo en sí ya fue toda una aventura, pudiendo contemplar desde el aire toda la isla. Llegamos a Taveuni a las 8:15 de la mañana y ya nos estaba esperando un amable operario del hotel. La terminal del aeropuerto no es más grande que una parada de autobús y ni siquiera hay cinta para el equipaje, te lo entregan en mano. En veinte minutos llegamos al hotel y quedamos alucinados porque es un auténtico paraíso. El bungalow está a escasos diez metros de la playa, con vistas al estrecho de Somosomo por delante y a la jungla impenetrable por detrás. A cinco minutos andando hay un par de supermercados, que aunque es domingo abren unas horas por la mañana y allá nos fuimos a hacer algunas compras. Después de estudiar concienzudamente toda la oferta de actividades elaboramos un plan para la semana combinando buceo y senderismo. Buscamos al encargado para reservar las actividades pero no había nadie. De hecho tampoco hay más huéspedes en el resort. Estamos literalmente solos en el paraíso.
Después de comer una buena pizza de marisco que nos llenó para todo el día, aprovechamos para darnos un baño en la piscina y hacer un poco de snorkel por el arrecife.
 A punto de subir al avión de juguete
 Esto es una lata de sardinas
 Vistas de Viti Levu
 La terminal del aeropuerto de Matei
 En un supermercdo local

Nuestro alojamiento en el paraíso
 Vistas desde el porche
 Nuestra cabaña en Aroha Taveuni Resort
 Al atardecer frente al estrecho de Somosomo
 Jugando a rugby en la playa
Fin de la jornada bajo el agua

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